Para muchos estudiantes de los estratos 1 y 2 de la ciudad y sus familias, acceder a una educación de calidad constituye un privilegio para las clases más favorecidas, enraizando esta creencia en el supuesto que la educación pública es de baja calidad, dados los resultados en las pruebas externas y en un imaginario colectivo que permeó a los sectores sociales, según el cual la diferencia con la educación brindada en un colegio privado era muy marcada dadas las condiciones físicas, los recursos tecnológicos, recreativos y humanos que poseen.
Con estas ideas, padres y madres de familia matriculan a sus hijos en los colegios públicos de la ciudad, con intenciones diferentes a la de acrecentar su capital cultural. A continuación se citan cuatro razones que tradicionalmente se escuchan en la cotidianidad escolar, bien sea en reuniones de padres o en los espacios que éstos tienen para compartir con los docentes en los colegios: por una parte mantenerlos alejados de las dificultades que le ofrece la calle, como el pandillismo, la drogadicción y los embarazos a temprana edad; otra razón es debida a la expectativa de iniciarlos en la vida laboral ya que una vez finalizado el bachillerato deben ayudar a sostener la familia. Una tercera razón, que generalmente los padres aluden, es que aprovechan el acceso a la educación para que sus hijos puedan adquirir algunos conocimientos que les permitan defender sus derechos en caso de ser necesario[1] y finalmente, utilizan la realización del bachillerato para acceder a lo que llamaríamos movilidad social de su clase hacia una superior, con la creencia que a mayor nivel educativo se asciende igualmente de nivel socioeconómico.
Pero los mismos estudiantes consideran que la educación no les ofrece respuesta a sus expectativas de movilidad social, en tanto encuentran que los medios de comunicación y los grupos de pares, les formulan otras formas alternas para hacerlo mediante la presencia de móviles o estereotipos que llevan rápidamente al éxito y en los cuales no media el factor educativo[2]. Sumado a lo anterior, existe un bajo interés por sostenerse en el sistema educativo, bien porque las dinámicas de los docentes no les atraen o bien porque no consideran rentable pasar 11 años en la escuela para terminar engrosando la lista de desempleados o en un empleo mal remunerado. Lo anterior hace que los niveles de deserción se conviertan en una práctica que aunque no escapa a los niveles socioeconómicos altos, si se presenta con gran frecuencia en poblaciones de bajo nivel educativo y social[3], con lo cual se genera un bucle de reforzamiento entorno al concepto de calidad de la educación y por ende, a la aceptación e interiorización de un rol pasivo y adaptativo del estudiante y su familia frente a lo que esta mirada del sistema educativo le ofrece.
Ahora bien, se acentúa esta relación cuando en el imaginario social, hacer referencia al lugar donde se genera la educación, tiene connotaciones marcadas, para lo que se hacen y aceptan serias distinciones entre los vocablos escuela y colegio, otorgando al primero un sentido de barriada en la cual se recrea una cultura de “costumbres bajas” (comportamiento y vocabulario inadecuado) y por el contrario, haciendo alusión al colegio como un espacio selectivo, en el que los padres esperan una educación acorde con su posición social o estilo de vida.[4]
Otra forma de exponer dicha concepción la encontramos en Criado[5] quien analiza cómo el éxito escolar se da en una afinidad entre la cultura, el lenguaje y el medio social de origen, que hace que las exigencias de un tipo de educación sean asumidas por uno y otro campo social de manera diferente, dado que los estudiantes del estrato alto se encuentran más familiarizados con cierto lenguaje utilizado en la academia, en marcada diferencia con los estudiantes de los estratos más bajos. Este fenómeno entra a reforzar lo dicho en párrafos anteriores sobre el sentido asignado a la concepción y aceptación de los estudiantes y sus familias para quienes ideas como estas, hacen parte de su imaginario colectivo que reiteran y reafirman en escenarios de su contexto cotidiano.
A lo anterior se adiciona un elemento que ha sido relevante al marcar la distancia social entre uno y otro tipo de educación y que repercute en la concepción de calidad y es el referido al acceso a la educación superior, como continuación de la educación media. Según datos del Ministerio de Educación[6] para 1997 sólo el 9% de los jóvenes de estratos inferiores accedieron a la Educación Superior mientras que en la población de mayores ingresos el porcentaje fue del 65 %, cifra que para el año 2009-10 no es clara y la información se presenta como oportunidades para que los jóvenes accedan a la educación para el trabajo, sin entrar en detalles sobre el ingreso a programas profesionales o tecnológicos, por ejemplo. Allí se alcanza a sentir un sesgo hacia la formación para el trabajo que hace referencia a los programas regidos por el Decreto 2888 de 2007 por el cual se reglamenta la educación para el trabajo, (anteriormente conocida como formación técnico laboral).
No obstante, es claro que el acceso a la Educación superior se sigue restringiendo en las Universidades privadas por el alto costo de la matrícula, imposible de sufragar para los estudiantes de estratos bajos y en las Universidades públicas, –que bien podrían privilegiarlos, se ven obligarlos a competir con los de estratos altos por los cupos, dado el nivel de exigencia académico para su ingreso y sostenimiento en el cual muchos se encuentran en desventaja con los que provienen de colegios privados. Un informe estadístico de la Secretaría de Educación de Bogotá llama la atención al presentar el porcentaje de estudiantes que ingresan a la Universidad Nacional según el tipo de colegio: Estudiantes de Colegios no oficiales: 62.71 frente a un 37.29 de estudiantes de colegios oficiales. Así mismo, el porcentaje de admitidos entre estudiantes de estrato 3 es de 42.7% mientras que para el estrato 1 es de 7.7. [7]. Muchos de los estudiantes deben optar entonces por programas desvalorizados como anota Criado.
Es relevante también resaltar un hecho que ha sido objeto de múltiples debates y que solo se esbozará en este artículo y es el referido a que dentro de la Política Educativa del Gobierno 2002-2010, resultó importante dar un carácter relevante a la cobertura en las instituciones de educación básica a través de la instauración de los Decretos que aumentan el parámetro de estudiantes atendidos por grupo y por maestro, así como la puesta en ejecución de Decreto 230/02 según el cual se debía garantizar la promoción del 95% de los estudiantes de cada establecimiento educativo. Las bondades y deficiencias frente al Decreto han sido pública y ampliamente debatidos. Sin embargo, llama la atención en este momento, un aspecto que incide en la percepción de la que se ha venido hablando en el sentido que los estudiantes “jugaron” a no formar parte del 5% que no era promovido, retando al docente y también al sistema escolar reduciendo su interés por estudiar provechosamente y de alguna manera “sesgando” la percepción de calidad de la educación en especial en las instituciones públicas que eran forzadas a dar cabal cumplimiento a la norma, mientras que en los colegios privados se amarró la promoción a la pérdida del cupo en el establecimiento educativo.
¿Fue acaso esta situación una manera de reproducir la brecha ente capitales de cada nivel social? Quizás la respuesta sea afirmativa o no según quien la responda, pero sí es posible esbozar un distanciamiento claro entre las clases sociales, la aceptación ingenua del orden social por parte de las clases bajas y una tolerancia a sostener bajo el capital cultural que bien podría acrecentarse con una mirada de calidad de la educación.
Todo lo anteriormente expresado permite vislumbrar un esquema de reproducción de las diferencias sociales en la ciudad desde la mirada de lo educativo en dos vías: por una parte, el interés de un nivel social por mantener la distancia social mediante la utilización de una estrategia que permite instaurar los imaginarios sobre las instituciones educativas desde la utilización de un lenguaje excluyente, discriminatorio y rotulador de la educación pública y por otro por la disposición por parte de las clases bajas, para legitimar y aceptar ésta condición como algo normal, que se transmite culturalmente desde los primeros años en el hogar del estudiante, fijando en las estructuras mentales y sociales de este estudiantado una condición según la cual no es posible ni necesario acceder a una educación de calidad en términos de acceso a mejores planes de estudios que le permitan “moverse” en el mundo actual y apropiar y esgrimir elementos del mundo globalizado para cambiar su perspectiva de vida. Se ha instaurando un habitus[8] que es preciso modificar.
Aunque el panorama es desalentador, es un aliciente encontrar en el Plan Sectorial de Educación 2008-2012 de la ciudad de Bogotá[9] múltiples posibilidades para dar un cambio a esta reproducción del orden social. Desde la concepción de la Política Pública de organizar el sistema educativo respondiendo a la orientación de garantizar el Derecho a la Educación, se desprenden planes y programas que buscan cerrar las brechas de la inequidad y ofrecer a los estudiantes posturas en la instalación de una educación de calidad posible para las clases sociales bajas.
Dado que hacer un análisis a lo anterior permite optar por diferentes perspectivas sociales de abordaje, se ha optado dirigir una primera mirada desde la obra de Bordieu, guardando la proporcionalidad y alcance de sus conceptos, pero que entendidos de manera orientadora pueden ilustrar los sentidos y significados que puede tener para el docente al hacer una reflexión sobre su campo de acción.
Ofrecer programas y proyectos que busquen reducir las desigualdades ha sido uno de los derroteros con el que se han implementado los Planes Sectoriales de Educación en la ciudad. Sin embargo, pocos han permeado tanto los colegios como el actual Plan que busca, a partir de las “transformaciones Pedagógicas”, traspasar los Proyectos Educativos Institucionales, los currículos de los colegios para llegar al estudiante y hacer que éste transforme su realidad y perspectivas educativa y de vida.
En un primer momento, cobran importancia acciones para modificar el imaginario colectivo sobre las escuelas, referido anteriormente y que se empezaron a gestar desde el Plan Sectorial de educación de 2004-2008[10] del gobierno inmediatamente anterior. Generar ambientes escolares agradables para el aprendizaje, forja impacto positivo y sensación de bienestar en los estudiantes, a la vez que crea mejores condiciones para el proceso educativo según un estudio realizado al respecto[11]. De alguna manera, al presentar estructuras modernas, que no todos los colegios privados pueden ostentar, aparece como una posibilidad para reconstruir la percepción de la educación pública y a partir de ella la resignificacion de pertenencia al lugar por parte de los estudiantes. Aquí ya se empieza a instalar en el sistema de creencias de la persona una nueva aceptación frente a los espacios educativos y frente a la incorporación de un capital cultural en estado incorporado[12] : es factible contar con instalaciones educativas de calidad en los estratos bajos.
Sin embargo, no solamente la infraestructura y dotaciones permiten interiorizar nuevas concepciones de la escuela. Al incentivar el acceso al sistema educativo de los estudiantes mediante estrategias como la gratuidad en todos los grados, la ampliación de los cupos, los subsidios condicionados a la asistencia, el servicio de ruta y programas de alimentación escolar entre otros, se busca acrecentar la permanencia en el sistema educativo disminuyendo con lo anterior las tasas de deserción por factores económicos, prolongando la asistencia de los estudiantes que se retiran para trabajar.
Sostener a los estudiantes en el sistema no es la intención última del Plan sectorial. Si bien es cierto las metas de ciudad implican una disminución en la deserción, no basta con tener a los niños y jóvenes en el colegio. Es necesario hacer modificaciones en el currículo, los planes de estudio y en los Proyectos Educativos Institucionales para apostarle a la calidad y con ella a generar un cambio en la comunidad sobre la visión de progreso y desarrollo social, cultural y económico que se generan a partir de los procesos educativos y no solo para cerrar la reproducción de la pobreza sino para superar los problemas de exclusión de género, etnia o condición social.
A través de las denominadas Herramientas para la vida se propone generar un cambio tanto en los estudiantes como en los docentes y en la comunidad educativa que conlleven a disminuir la brecha en el capital cultural de los estudiantes de la ciudad y favorecer el acceso a la educación superior y la vida productiva y laboral en condiciones de igualdad con respecto a los estudiantes del sector privado. Con lo anterior además se dotaría de herramientas al estudiante para acceder al mercado en el que se producen y negocian los recursos que permiten fijar nuevas posiciones con respecto al sistema de relaciones entre posiciones sociales diferentes, que Bordieu denomina campo. De esta forma, al adquirir los saberes necesarios e indispensables para insertarse en diferentes redes de relaciones sociales, los jóvenes estudiantes pueden cambiar la creencia de aceptar que el éxito social, el acceso a mejores condiciones económicas y al mundo productivo es una condición natural de los sectores favorecidos y a cambio, les permite improntar un nuevo habitus.
Partir de los sujetos-estudiantes como eje del acto pedagógico y no de los contenidos de los estándares, cambia el sentido y la organización del currículo y las prácticas docentes, orientadas en muchos casos, de manera consciente o inconsciente, a legitimar prácticas sociales discriminatorias, forjadoras de un orden social representado por dominados y dominadores justificando y ampliando la distancia entre clases sociales y el acceso a mejores condiciones para el estudiantado. Reorganizar el currículo de acuerdo con las edades y características físicas, biológicas, cognitivas y sociales de los estudiantes-agentes sociales, es pensar en el reconocimiento de unos y otros como seres únicos, con capacidades y potencialidades tanto en capital escolar como en su contexto y en el mundo social. Repensar las disciplinas desde enfoques interdisciplinares y pedagógicamente actuales transforma los currículos anquilosados que reproducen la inequidad y la no pertinencia académica, con lo que legitiman una escasa calidad en la educación. Reemplazar los métodos tradicionales y obsoletos- que fueron desde hace tiempo descartados en los colegios privados- conlleva a modificar la acción pedagógica de instauración del habitus producto de la arbitrariedad cultural que busca repetir creencias y legitimar comportamientos[13] en los estudiantes.
Trabajar a partir de una base común de aprendizajes esenciales en la adquisición de capacidades, aprendizajes y desarrollos de argumentación oral, comprensión lectora y producción escrita, así como potenciar el uso de las tecnologías de la información y la comunicación al servicio de la escuela, profundizar el conocimiento de las matemáticas, las ciencias y el inglés es configurar el habitus secundario por la adquisición de nuevos capitales tanto culturales como políticos que generan pensamiento de participación y movilidad en el mismo contexto escolar, en la formación universitaria y en las interrelaciones sociales. No basta únicamente con el saber, aquí es necesario que docentes y estudiantes entiendan los para qué de estos aprendizajes y los potencien de manera que modifiquen campo, habitus y capitales. Continuar el trabajo desde los estándares es continuar reproduciendo y legitimando
Con una mirada similar, el acceso a la educación superior desde la implementación de programas a partir de la articulación del quinto ciclo (educación media) con la Universidad y la alianza para la educación superior, necesariamente favorece la inclusión en la vida académica posterior al bachillerato cambiando el imaginario ya mencionado en el que solo acceden las clases pudientes, retando al sistema mismo y desestabilizando las diferencias marcadas entre campos socialmente definidas y enraizando proyecto y expectativa de vida diferentes a la crianza prematura y el trabajo mal remunerado.
Claro que todo lo anterior es un propósito que solo se logra con la voluntad, el conocimiento y la acción transformadora de los actores. Analizar los avances del plan sectorial a partir de los fracasos y desaciertos lo único que hace es legitimar posturas que niegan y excluyen nuevas miradas de lo educativo en la ciudad. Aunque no todo se ha realizado, ya se ha trazado una senda, se han abierto caminos que con una mirada desde lo social, garantizan que el derecho a la educación no se ciña exclusivamente al acceso. Falta mucho y los resultados quizás no se vean pronto, pero se van configurando a través de un cambio sustancial en el habitus primario de los estudiantes que se verá posteriormente.
CLAUDIA ROMERO CORNEJO
[1] DESERCIÓN ESCOLAR EN LOS ESTABLECIMIENTOS EDUCATIVOS DEL DISTRITO CAPITAL. Estudio contratado por la Secretaria de Educación de Bogotá con las Universidades Nacional de Colombia, Pontificia Universidad Javeriana, Distrital Francisco José de Caldas, Externado de Colombia y la Fundación Restrepo Barco, 2001.
[2] GÓMEZ BUENDÍA, Hernando. Educación: La Agenda del Siglo XXI “Hacia un desarrollo humano”. Bogotá: PNUD- TM Editores, 1998.
[3] PLAN SECTORIAL DE EDUCACIÓN DE BOGOTÁ 1998 – 2001
[4] Ver, Segundo Bernal, Planteles y demanda escolar en Bogotá (Bogotá: Oficina de Planeación Distrital, Depto. de Investigaciones, 1958), y Gonzalo Cataño, Universidad pública y movilidad social: introducción al estudio de la educación y la movilidad social en Colombia (Bogotá: Universidad Nacional de Colombia, Depto. de Sociología, 1969).
[5] Martín Criado, E. De la reproducción al campo escolar. En: las herramientas del sociólogo. Madrid, pp. 67-113
[6] Ministerio de Educación Nacional. Plan Sectorial de Educación 2002- 2006
[7] www.redacademica.edu.co/index.php?option=com_content&view=category&id=107&Itemid=180
[8] Entendido como el “conjunto de disposiciones por obrar, sentir, pensar, percibir de una manera determinada” en Moreno, Álvaro y Ramírez, José, “Pierre Bordieu Introducción Elemental, 2006
[9] Secretaría de Educación de Bogotá. Plan Sectorial de Educación. Educación de Calidad para una Bogotá Positiva, 2008-2012.
[10] Secretaría de Educación de Bogotá. Plan Sectorial de Educación Bogotá una gran Escuela 2004-2008
[11]Revista Dinero.com. noviembre 17 de 2009
[12] Bordieu, Pierre. Los tres estados del Capital Cultural, en Campo del Poder y Reproducción Social, Buenos Aires, 2003.
[13] Ibid
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